Hasta que Despiertes


 Los primeros rayos de sol se asomaban a través de los escasos orificios de la persiana entre abierta, dándole una iluminación cálida al cuarto en donde todavía yacía Celeste, dormida, respirando profundamente. Su mano apoyada en su estómago subía y bajaba al compás de su respiración. Era una mañana de otoño y ya eran las siete de la mañana de un día Sábado.

Celeste se había dormido muy temprano, totalmente agotada del día anterior, y estaba  a

punto de despertarse por un cosquilleo en su dedo índice. Finalmente abrió los ojos y pudo

ver qué era eso que la había hecho volver de el mundo de los sueños. Era una mariposa

naranja muy grande posada sobre su dedo, muy tranquila, aleteando muy lentamente, como

si hubiera encontrado el lugar ideal dónde reposar. Celeste se quedó observándola  por largo rato, preguntándose cómo una mariposa había logrado entrar a su cuarto. Siguió observándola detenidamente, hasta que se escuchó el sonido del llamador de ángeles que colgaba del lado de afuera de la ventana de su balcón, movido fuertemente por el viento que hasta había logrado colarse a través de los orificios de la persiana, causándole un fuerte escalofrío.

Aunque era Sábado, y solía levantarse muchísimo más tarde, Celeste ya no podía dormir más. Entonces decidió aprovechar la mañana. Levantó toda la persiana para que entrara todo el sol, se preparó una taza bien grande de chocolatada calentita y se fue a tomarla al balcón, con los ojos cerrados, recibiendo todo el sol como si fuera una planta. En eso estaba cuando volvió a notar que la misma mariposa se había posado sobre su taza. Muy sorprendida pensó: “¡Hey! ¿qué hacés acá otra vez?”

Terminó de tomar toda la chocolatada y apoyó la taza sobre la mesita que tenía afuera. Algo le llamó muchísimo la atención, una grande y hermosa pluma blanca, en muy buen estado, muy suave como de pichón, pero demasiado grande como para serlo. La tomó en sus manos y se acarició la mejlla con ella, para luego llevarla a su mesita de luz. Miró la hora en su reloj, eran las 8:08. No sabía por qué pero siempre le habían gustado l0s números repetidos, no me pregunten el motivo.

Luego de vestirse, cuidándose de no hacer mucho ruido porque sus dos hijos todavía dormían, decidió bajar al jardín y atender sus plantas y su huerta que no había cuidado en todo el mes. Debía arrancar malezas y remover la tierra. Sus rosas rojas necesitaban atención urgente si no quería perderlas.  Muy concentrada se encontraba Celeste, arrodillada en el pasto, con las manos llenas de tierra húmeda, cuando comienza a levantarse un cálido pero fuerte viento que hace sonar muy fuerte todos los llamadores de ángeles que tenía colgando por todo el jardín, un viento muy agradable que le acaricia la cara y le hace levantar la vista pero con los ojos cerrados. Así estuvo unos segundos con los ojos cerrados cuando le pareció escuchar un susurro. Eso hizo que se asustara y abriera los ojos de golpe. Para su sorpresa cuando los abrió vio un espectáculo de enormes mariposas c0mpletamente naranja algunas y completamente azul, otras. No podía creer lo que sus ojos veían, estaba maravillada. Enseguida sacó el celular y les tomó fotos y las filmó para luego  enviárselas a su madre. Lo que primero contestó su mamá, sin gran asombro  fue:_ “¡Ah, te vinieron a visitar tus guías!”

Celeste:_ “¿Eh?”

María (mamá de Celeste):_ “Dicen que cuando te siguen las mariposas es porque tus guías espirituales quieren enviarte un mensaje. Si ves mariposas, plumas, números repetidos en todos lados, ese tipo de señales.”

Celeste tragó saliva fuertemente.

Celeste: _“¡Dale! ¿Me estás cargando ma? ¿Cómo sabías lo de la pluma?¿Me la dejaste vos en el balcón?, pará ¿y los números?

María: _“Yo no sé de qué pluma y de qué números estás hablando hija, yo sólo te digo lo qué sé.”

Celeste: _”¿Y cuál sería el mensaje?”

María: _”¡Ahh ahí me mataste! Eso sólo lo podés interpretar vos.”

 

Celeste estaba atando la bicicleta afuera del supermercado, cuando observa a un hombre sosteniendo varias bolsas en cada mano, tratando de hacer malabares para sacarse de encima una mariposa que intentaba posarse una y otra vez sobre su nariz. No pudo evitar quedarse observándolo para ver qué sucedía. Empezó a prestar atención a lo que le decía a una mujer que lo acompañaba.

Mujer:_”¡Ay mirá Juan una mariposa!”

Juan:_”¡Ay si! No sé qué tengo que hace una semana parece que me siguen a todos lad0s. ¿Me decís la hora que no quiero que se me haga tarde?”

Mujer:_”Si, las 11:11”

Celeste:_”¡Naaa dale! “En serio?”

Juan se dio vuelta y la miró sorprendido. Por cinco segundos se miraron fijo a los ojos, ambos sin saber por qué. Sintieron una sensación inexplicable y un calor que les recorrió el cuerpo. El mundo pareció haber desaparecido y fue difícil dejar de mirarse.

La mujer que acompañaba a Juan primero lo miró a él, luego miró hacia dónde él miraba, entonces la miró a ella.   

Mujer:_”¡Hola Cele! ¿Qué hacés por acá?

Celeste:_”¡Hola Laura!  No te había visto. Acá, de compras.”

Laura:_”Te presento a mi hermano, Juan. Se acaba de mudar hace poco. El Lunes empieza a trabajar en las oficinas del shopping que está en la Avenida!

Juan:_”Hola, qué tal, mucho gusto.” Dijo Juan mostrándose levemente avergonzado por haberse quedado mirando fijo a Celeste más de lo políticamente correcto.

Laura:_”¡Ah pará! Vos no trabajabas ahí Cele?”

Celeste:_”Si, hace un año ya.”

Laura:_”¡Ay mirá! Van a ser compañeros de trabajo. Bueno, ya tenés alguien conocido Juan.”

Juan:_”Buenísimo” dijo Juan intentando no se le notara que por dentro estaba festejando.

Celeste:_”Bueno, te veo el Lunes en la oficina entonces. Hasta luego Lau.” Dijo Celeste algo sonrojada.

Laura (con una mirada y sonrisa pícara):_”Mmmmm ehh… jaja”

 

El Lunes llegó, y para  sorpresa de Laura, se encontró con que Juan era su compañero de escritorio y la habían designado para explicarle el trabajo a Juan. Enseguida entraron en confianza y sintieron que se conocían de toda la vida, y la química que había entre ellos era innegable.

Ese mismo día se enteraron que tenían un nuevo jefe, muy joven. El gerente general los llamó a todos y les presentó al nuevo encargado de área, Sebastián.

Sebastián parecía muy simpático y se presentó brevemente. Cuando finalizó, para dejar a todos continuar con su trabajo, se agachó para levantar una pluma grande y blanca que encontró en el piso.

Sebastián: _”Me sigue un ángel últimamente jaja.”

Celeste se quedó helada. ¿Qué estaba pasando?

Como sentía que a Juan lo conocía de toda la vida, se animó a decirle lo que le estaba pasando últimamente, lo de las mariposas, las plumas, los números y el por qué se quedó mirándolo de esa manera en la entrada del supermercado.

Juan estaba a punto de contestar, pero hizo una mirada como atónita y le dijo:

_”No te alarmes, pero mirá a la ventana.”

Había tres mariposas, dos azules y una naranja. Automáticamente Celeste miró la hora en la computadora. Eran las 10:10. Más que miedo o sorpresa Celeste y Juan se sentían emocionados.

Celeste:_”Viste, hay tres mariposas, dos azules, dos hombres, y una naranja, yo. Será que es por nosotros tres? ¿O ya me estoy volviendo loca? 

Juan: _”Ahí hay otra!”

Había una cuarta mariposa enorme, naranja sobre el mouse de la laptop de Celeste. Ambos empezaron a mirar hacia todos lados, como buscando un indicador de quién podría ser la cuarta persona del grupo, cuando de golpe se abren las puertas de la salida de emergencia de la oficina. Acababa de entrar Estela, la mujer que hacía la limpieza. Caminaba como arrastrando los pies. Cada tanto se paraba al lado de algún que otro escritorio levantando cosas. Juan y Celeste no le dieron demasiada importancia hasta que la vieron detenerse al lado del escritorio del nuevo encargado. Escucharon que le estaba pidiendo la pluma.

Estela: _”¿Me da la pluma o la va a querer?”

Sebastián:_ “Para qué la quiere?”

Estela:_”Las colecciono, me las encuentro por todos lados. Pero una como esta hasta ahora no había visto.”

Sebastián: _”Ah disculpe pero me la voy a guardar, yo tampoco había visto ninguna así.”

Estela:_”Bueno, se ve que usted debe estar dentro de un grupo.”

Sebastián:_”¿Perdón?, no entendí.”

Estela: _”Disculpe, voy a seguir trabajando.”

Estela siguió caminando acercándose a los escritorios de Celeste y Juan, sin notar que estos no le quitaban la vista de encima. Estela se paró frente al escritorio de Celeste y la quedó mirando.

Estela: _”Tenés una mariposa ahí.”

Celeste no podía creer lo que veían sus ojos. El uniforme de Estela tenía bordado como un número de identificación o algo así. El número era 2222. Celeste miró el número y luego miró a Juan.

Juan: _”Disculpe, no se siente bien.” Le dijo Juan a Estela al ver la extraña reacción de Celeste. Estela miró de arriba abajo  a Celeste.

Estela: _”Siempre fue medio rara esta chica.” Hablando como si fuera que Celeste no la escuchara.

Estela: _”Pero hoy debe haber descubierto al grupo entero.”

Celeste: _”¿Usted qué sabe de eso?”

Estela: _”No tengo tiempo para esto ahora nena. Sé que es importante. Pero en esta vida, ahora, también es importante que no me echen de mi trabajo. Así que si me disculpan, voy a seguir trabajando.

Juan y Celeste estaban petrificados. Sentían una mezcla de emoción, miedo y adrenalina.

Estela: _”A las 14:14 en el ascensor del fondo. Avisenle al otro.”

Juan y Celeste se quedaron con la boca abierta. Supusieron que “el otro” era Sebastián, el nuevo encargado. ¿Pero cómo iban a llevarlo al ascensor y justo a esa hora?”

En eso pensaban, mirando al piso, cuando de repente ven un zapato negro, de hombre muy nuevo y lustrado. Levantaron la vista y para su sorpresa era Sebastián.

Sebastián: _”Disculpen chicos, tipo 2:15 me voy a ir a almorzar. ¿Saben de algún lugar cerca donde vendan comida? No me traje  nada de casa.”

Celeste automáticamente le contestó: _ “Nosotros dos también salimos a almorzar a esa hora. Si querés te esperamos tipo 2:10 en el ascensor del fondo y compartimos lo que traje. Mi mamá me mandó en un tupper con toda la comida que quedó del Domingo. Es demasiado para mí.”

Sebastián: _”¡Ah qué bueno! ¡Te voy a deber una entonces!”

Celeste: _”No, por favor.”   

 

Ya en el ascensor, siendo las 14:14, se encontraban Sebastián, Celeste y Juan. Estos dos últimos muy nerviosos, no sabiendo que iba a pasar y dónde estaba Estela.

Se estaban a punto de cerrar las puertas, cuando de repente, la mano grande de una mujer, las detiene.

Estela: _”Casi casi eh.” Dijo como si nada. _”Parece que los guías hicieron bien su trabajo. Mucho más rápido de lo que pensaba.”

Sebastián: _”Disculpe, ¿quiénes?”

Estela: _”Ya vas a entender pichón.”

Ni bien terminó de pronunciar esa frase, que el ascensor comenzó a subir a toda velocidad empujando hacia abajo a todos los que allí se encontraban. Los números digitales que marcaban en qué piso estaban, empezaron a titilar como locos, hasta que todos los paneles digitales quedaron en 0000.

A todo esto, las cuatro personas gritaban. Salvo Estela, todos pensaban que el ascensor se había descompuesto y que iban a morir. Estela, que era la que más gritaba, dijo:

_”Perdón, jamás me acostumbro a esto.”

Ninguno de los tres jóvenes entendía nada, hasta que se abrió la puerta del ascensor. La vista era grandiosa. Era como estar en un jardín, sobre un rascacielos. Pusieron los pies fuera del ascensor y ninguno tenía calzados. El césped se sentía suave y esponjoso como una almohada de plumas. Estaban tan en lo alto que podían ver las nubes a simple vista. Había árboles de todo tipo rebosantes de frutos listos para saborear. Plantas y flores de las más maravillosos colores y el más delicioso aroma. En el  centro de ese paraíso había una fuente enorme, que salpicaba agua tibia y cristalina y dónde  los colibríes parecían estar de fiesta. Ni hablar de la  cantidad exagerada de mariposas de todos los colores que revoloteaban por doquier.

Estaban literalmente en el paraíso, y al estar allí, las sensaciones de hambre, dolor de cuello o espalda, cansancio, preocupación o miedo, habían desaparecido. La paz que sentían no les dejaba hacer otra cosa más que sonreír alegremente. Aunque a medida que se iban adentrando, paso a paso, comenzaban a recordar. A recordar quienes realmente eran. Por qué estaban allí. Ahora todo estaba tan claro. ¡Cómo pudieron olvidarlo!, ¡cuánto tiempo habían perdido! ¡No habían logrado ningún objetivo! Y así muchos planteos más.

En forma muy pacífica se acercó a ellos un hombre que emanaba mucha paz y ternura. El sólo hecho de estar cerca de él los había recargado de energía. Este hombre se llamaba Pedro.

Pedro: _”¡Sean muy bienvenidos! Dijo con una gran sonrisa.

_”Ante todo quiero decirles que dejen de culparse. Acaban de recuperar sus recuerdos y sus objetivos. Era lo programado que una vez que descendieran a la tierra y quedaran envueltos en toda la densidad que allí hay se fueran olvidando poco a poco de la misión. Era necesario que esto sucediera, de lo contrario, nunca se hubieran sentido cien por ciento humanos. Y la idea es que pudieran reconocer las señales, que pudieran volver a reunirse los cuatro, sin saber realmente quiénes eran, para llegar a este punto y despertar. Ahora estamos entrando en la siguiente fase, que es el despertar de la consciencia. Ustedes ahora tienen que ayudar a despertar a los que aún están dormidos. Pero no de la misma manera que ustedes. Ellos tienen que seguir creyendo que son humanos, pero deben llegar a comprender que la vida en la tierra y el cuerpo humano son temporales. Qué aún siendo humanos y viviendo una vida mundana, aprendan a valorar lo más importante, que es el amor, las relaciones y la conexión espiritual entre humanos. Que comprendan que todos somos uno y dejen de lastimar al otro, ya que si todos somos uno, lastimar a otro, significaría, por ende, lastimarse a sí mismo. Que la vida sea temporal, no significa que quieran volver a la fuente. Todo lo contrario. Se les fue dado este regalo justamente para poder aprender y evolucionar, y para poder hacerlo, es que tienen que vivir la vida terrenal cien por ciento, como si no hubiera otra, dejando aflorar sus pasiones y dedicándose a lo que aman. El noventa por ciento de la humanidad vive la vida como una carga que hay que llevar a cuestas, pagando cuentas y enfermándose, no permitiéndose vivir el amor. Hay que ayudarlos a despertar para que no desperdicien el regalo que les fue dado. Y quiero decirles una última cosa, muy importante.

No se asusten si cuando van bajando en el ascensor, sienten que empiezan a olvidar lo que acaban de vivir. Es cierto que no van a recordar todo con exactitud, pero nunca podrán olvidar lo que su cuerpo humano acaba de experimentar. Quizá cuando vuelvan a sus vidas, al principio no recuerden porque estaban juntos o por qué sienten conocerse de toda la vida. Pero van a volver a recordar por medio de flashes y sueños. Esto, van a creer, fue un sueño. Pero finalmente se van a dar cuenta que no. Ustedes van a encontrarse en sueños y se van a comunicar y van a despertar creyendo que es una locura, pero luego van a confirmar que todo es real. Y va a llegar un momento que cuando quieran hablar uno con el otro, sólo van a tener que cerrar los ojos, tocarse el corazón y pensar en la otra persona. Así automáticamente el otro lo  va a sentir y esta manera de comunicarse va a ser de lo más normal para ustedes.

Celeste, te pido que seas fuerte. Todavía no está todo dicho. No pienses que para ustedes la vida en la tierra ahora va a ser más fácil. Vos tenés un lazo muy fuerte que te une a la vida humana que ellos tres no tienen. Vas a tener que ser muy fuerte.”

Celeste: _”¿Puedo saber que va a pasar? Estoy muy asustada.”     

 

Lo siguiente que recuerda Celeste es que salió del ascensor y estaba con la señora que limpia, el encargado nuevo y Juan, un chico con el que empezó a hablar hace muy poco, pero que le cae súper bien.

 

10:10 pm. Celeste ya le di0 el beso de las buenas noches a sus hijos y se fue a su cama. No se siente muy bien. Su corazón late más rápido que de costumbre y se siente algo agitada. Se quedó sentada en la cama, con los ojos cerrados y se puso a pensar en Juan, y en lo mucho que le gustaba. De golpe, imágenes vinieron a su mente. Juan, sentado en un sillón, mirando la tele, de repente suelta el control y la mira. Como si ella fuera invisible y estuviera ahí. Siente que le habla pero sin mover los labios. Fue todo tan real que se asustó y salió de la especie de trance en el que se encontraba. Supuso que se había quedado dormida sentada.

Se acomodó las frazadas para dormir pero le costó conciliar el sueño entre los entrecortados sueños con la señora de la limpieza, las nubes, un señor, un aroma a flores, un rascacielos, un jardín y el terrible dolor en el pecho que había sentido desde que había vuelto de la oficina.

Mañana del día Martes. Juan la ve a Celeste y lo primero que le dice:

_”Anoche soñé con vos.”

Celeste:_”¿Ah si? ¿Y qué soñaste?”

Juan: _”Fue medio raro. Soñé que estaba mirando tele y de golpe apareciste vos y me decías unas cosas.” (Dijo poniéndose notablemente colorado.)

Celeste se puso pálida al principio y colorada luego de recordar que en el “sueño” ella le decía que le gustaba mucho y le encantaba pasar tiempo con él.

Juan: _ “Después sobre unas nubes, un rascacielos,…”

Celeste (interrumpiéndolo): _”Un jardín, flores, frutas, un hombre, el encargado y Estela.”

A todo esto Sebastián estaba parado en la puerta de su oficina escuchando todo con la cara desencajada y Estela, apoyada sobre el carrito de la limpieza, sonriendo.

Estela: _”No pensé que se iban a acordar tan rápido.”

 

Exactamente un mes después, un día Martes a las 17:17 Celeste se encontraba con sus hijos en el jardín de su casa. Ella les había enseñado como cuidar de las plantas, flores y de la huerta que tenían, y de la importante que era tener todo eso que tenían. Durante toda la vida de los chicos, pero más que nunca ese último mes, les había transmitido todo lo que era importante en la vida que ella sabía que ellos necesitaban ser conscientes, ya que mientras más jóvenes despertaran, más fácil sería para ellos. Y qué mejor comienzo de su misión que con sus propios hijos.

Siendo las 5:55 hs, agachada sobre la tierra, Celeste empezó a sentir nuevamente taquicardia, agitación y dolor en el pecho. Soltó la palita que tenía en la mano para agarrarse una mano con la otra. De golpe supo que estaba pasando. Recordó las palabras:

_”Sé fuerte, no va a ser fácil. Vos tenés un lazo con la vida humana que ellos tres no tienen.”

Ahora la entendía. Ellos tres no tenían hijos. Yo voy a perder la vida. Voy a tener que dejar a mis hijos. Se van a quedar sin madre y son tan chicos. Mi misión era con ellos y con nadie más porque no voy a llegar a vivir para ayudar al resto.

Celeste: _”Esto no es fácil, es imposible e injusto. No puedo irme en este momento.”

 

Al ir subiendo nuevamente al rascacielos Celeste no sintió más dolor ni sufrimiento. Sabía que esto era temporal. Que era su prueba, pero también la de sus hijos, al vivir sin ella.

Sabía muy bien que nunca iban a dejar de estar juntos y ella sabía que aunque les iba a doler ellos también sabían que ella siempre iba a estar con ellos, porque ella era parte de ellos dos. Además estaba tranquila que les había transmitido lo más importante y que iba a cobrar peso con esta experiencia tan dura. A ellos también, más adelante, les tocará del mismo modo que a ella, recordar, despertar y ayudar a otros a hacer lo mismo. Porque su equipo no eran solamente Estela, Juan y Sebastián. En su equipo había muchas otras personas, de las cuales sus hijos formaban parte. Ellos estaban conectados por un lazo especial, y el sólo hecho de cerrar los ojos y pensar en la otra persona haría que puedan comunicarse estén donde estén, aunque crean que fue un sueño.

 

Sábado 15:15. Los hijos de Celeste están sentados en un banco que hay en un jardín, con la mirada triste y perdida. De golpe empiezan a llegar un montón de mariposas naranja, pareciera, traídas por el viento cálido que les acaricia la cara y que hace sonar todos los llamadores de ángeles. Una de ellas se posa en el dedo índice de uno de ellos se queda extremadamente quieta. Pareciera que los observa. Un aroma a flores los envuelve de adentro hacia afuera y en ese momento, se sienten llenos de amor. Porque ellos saben que no están solos. Saben que ella está en cada cosa y en cada lugar y cuando necesiten de ella, sólo tienen que tocar su corazón y hablarle. Ellos saben que la misión más importante de su madre fue ellos y ahora es momento de cumplir su propia misión.

 

                                                  

FÍN

            

    

 

  

 

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