Realidad Paralela

 

                                            

“Es tarde ya, me duele mucho la espalda y el cuello y hace dos días que

no dejo la computadora”. Eso fue lo que pensó Lucía antes de levantarse

de la silla. Miró el panorama, las luces del comedor prendidas, la tele de

fondo, un paquete de galletitas a medio terminar. Una taza que había

estado llena de café al menos ocho veces ese día. Miró la hora en el

celular: “¡Otra vez las 3:33!, ¡siempre la misma hora!. Se estiró, hizo

sonar todos sus huesos y juntó las cosas de la mesa, la limpió, apagó la

computadora, las luces y se fue al baño. Se lavó los dientes, se puso

crema en la cara en la cara y en las manos y se fue a acostar. Puso el

celular en la mesita de luz. “¡Dios ya son 3:45!, de acá a que me

duerma va a ser la hora de levantarme!. La cama estaba helada, Lucía se tapó hasta la cabeza del frío, se puso boca abajo, cerró los ojos e

intentó dormir. Le estaba resultando difícil esos últimos días  porque

pensaba en todo lo que tenía por hacer y eso no la dejaba serenarse. Así

fue pasando la hora y Lucía seguía sin dormir. Sólo veía oscuridad y pensaba cosas comunes de todos los días. “Así nunca me voy a dormir”,

pensó. Seguía pensando cosas comunes hasta que su compañera del

trabajo Mariana le habló: “Lu estamos mirando que hay del otro lado, pero si no venís ahora no llegás eh!

Lucía: “¡Si! ¡Yo también quiero ir, voy con ustedes!

Mariana: “Dale porque sólo me va a durar lo que queda de batería”

Mariana, Lucía y otra compañera estaban dentro de un salón de clases

donde trabajaban las tres y si asomaban la cabeza por una puerta

podían ver el universo. ¡Era increíble! Tan increíble que sólo podía estar

pasando en un sueño. Cuando Lucía pensó eso lo siguiente fue volver a

ver la oscuridad de su cuarto. “Obvio, estaba dormida, cómo voy a andar mirando el universo así nomás jaja. ¡Qué lástima!, estaba bueno el sueño! Se acomodó en otra posición e intentó seguir durmiendo, pero aunque tenía tres frazadas y un acolchado tenía frío. Se quedó hecha un bollo, con los ojos cerrados esperando milagrosamente quedarse dormida.

Perdió la noción del tiempo, todo seguía a oscuras. De repente empieza a sentir que se corren las frazadas despacito. Las tironeó, se puso boca abajo y se volvió a tapar hasta la cabeza. Esta vez, otra vez se corrieron las frazadas ¡pero de golpe!, dejándola completamente destapada. No podía creer lo que estaba pasando. Lucía no pudo decir ni una palabra, no sólo estaba en pánico, si no que no podía hablar. Intentó con fuerza hacer algún sonido, pero nada salía de su boca. Con los ojos llenos de lágrimas sólo podía mirar desde donde venía ese algo que la estaba destapando y sólo veía una oscuridad azulada y notaba que todas las frazadas estaban tiradas cerca de la puerta de entrada a su pieza. Con terror no podía saber si había alguien ahí pero sentía que algo había, era algo más que una sensación. Deseaba pensar que era una pesadilla pero no lo era. De golpe, algo muy fuerte le empujó la cabeza contra la cama, la cara contra la almohada, era una fuerza tan terrible que ella no se podía mover ni un centímetro a pesar de que lo intentaba con toda su fuerza. Sentía que no podía respirar, era desesperante, pero peor fue lo que sucedió luego, porque después ya no podía moverse ni aunque lo intentara. De repente todo su cuerpo estaba paralizado, ahora no sólo no podía llamar a nadie por ayuda, ahora tampoco podía moverse. Empezó a sentir como algo se subía encima de ella, como alguien le tocaba el pelo, la espalda y las piernas y ella no podía hacer nada, más que ser testigo de todo lo que estaba pasando. De un segundo al otro, todo desapareció, la “presencia”, la fuerza, la asfixia y la parálisis, ese algo terrorífico que había en el aire e había ido. Se encontró exactamente en la misma posición, boca abajo, pero tapada. La pieza estaba toda igual, en penumbras. Levantó la cabeza y pensó “¡Ay Dios!, era una pesadilla. Pero parecía tan real, pensé que estaba despierta”. Miró la hora, eran las 4:30. En una hora y media se tenía que levantar pero ya no podía dormir. Ya no tenía más frío, pero tenía mucho miedo de dormirse y volver a soñar lo mismo o algo parecido. Así que decidió ir a bañarse y preparar las cosas con tiempo para ir al trabajo, con tiempo de sobra.

Lucía llegó al trabajo, hizo las cosas de siempre pero en el recreo para tomar un café, sus compañeros le dijeron que tenía cara de cansada. Ella respondió que no había podido dormir bien y les comentó algo de la pesadilla que había tenido. Varios de ellos le dijeron que eso era porque se acostaba muy tarde y cansada y que no le daba al cuerpo el tiempo suficiente para pasar por todas las fases del sueño y por eso dormía mal y tenía esas sensaciones. Otros le dijeron que no tomara tanto café, que meditara y se fuera a dormir temprano, etc. Cada uno intentó ayudarla con lo que sabía. A lo largo del día la fea sensación del sueño fue desapareciendo y ella continuó con las actividades de siempre.

Llegó la noche. Recordó las palabras de sus compañeros. Aunque quisiera no podía acostarse temprano porque viajaba y llegaba tarde. Entonces se dijo “Hoy como, estoy un rato con mi familia y me voy a dormir, nada de quedarme haciendo trabajo. Por hoy ya está.” Y así fue, calentó su comida, estuvo un rato con su familia y miró la hora.

“12:53, ya es tarde, ya me voy a acostar”, pero a medida que iba entrando a su pieza, iba recordando la sensación de la noche anterior. Cerró la puerta de su pieza y se imaginó las frazadas tiradas. “Hoy voy a dormir con la puerta abierta”, y la abrió hasta el tope. Se puso su camisón, se metió dentro de las frazadas y no extraño para nada esa cama helada, de por sí toda la pieza parecía un frigorífico. Hasta el vapor de la respiración se veía cuando entraba a la pieza. Apagó el velador y se tapó hasta la cabeza. Después pensó: “No, mirá si pasa algo y yo no puedo ver nada por las frazadas, mejor la cabeza afuera.”

Tenía miedo de dormir, el corazón le latía con fuerza. Mejor dejo el velador prendido. Esta vez cerró los ojos y sintió como si automáticamente entrara a otra dimensión dentro de su propio cuarto. Abrió los ojos y veía toda su pieza iluminada por el velador pero se sentía demasiado liviana. Sentía como si perdiera el control de su cuerpo, como si no se sostuviera de algo fuera a salir volando. Finalmente se siente flotando en el aire y ve frente a ella una persona, por llamarlo de alguna manera, flotando  y diciéndole que fuera con él. Esa cosa o persona, o lo que sea no era buena. “¿Qué pasa?, ¿Qué querés?, ¿Para que querés que vuele hacia allá?”, preguntó Lucía.

De golpe, la sensación de no poder hablar, otra vez la presión que no la dejaba respirar. Alguien la agarraba del cuello, algo estaba presionando su pecho y ella nuevamente sin poder mover un solo dedo y sin poder emitir sonido alguno. “Por favor quiero despertar pensaba horrorizada, ¡por favor Dios!, con todas sus fuerzas trató de hacer ruido pero nada, con todas sus fuerzas intentó mover la cabeza. Fue ese el movimiento que la ayudó a despertar. Otra vez la misma situación, su pieza tal cual estaba antes de dormir y ella con un pánico tremendo de volver a dormir. Pero necesitaba descansar. “Hoy no voy a dormir, me voy a quedar sentada hasta que se haga de día y mañana veo lo que hago”.

Se acomodó de una manera totalmente incómoda para no dormir y no sé en qué momento, se durmió así como estaba.

Nuevamente pasó de una realidad a otra. Soñó que estaba durmiendo sentada y que abría los ojos. Cuando los abrió para su sorpresa tenía en frente de su cara otra cara. Una cara horrenda mirándola de bien cerca, no sabía cómo describirla, era como esquelética pero con carne amarronada y podrida. Con lo huecos de los ojos, pero sin ojos. La observaba de cerca. Lucía se horrorizó y se tragó el grito pero sus ojos  estaban fuera de órbita del terror. Con pánico pero harta de todo esto, intentó hacerse la valiente y dijo  gritando y casi llorando: “¿Qué querés que vea?, ¿a quién querés que ayude?, ¡¡mostramelo ya!!”

Toda esa exaltación hizo que se despertara de golpe, viéndose como había quedado antes de dormir, sentada, con la cabeza hacia el costado.

Sintió menos miedo esta vez. Pero le duraría nada y se arrepentiría de lo que le había gritado a esa cosa, porque cuando cerró los ojos volvió a entrar a ese otro lado en un segundo. Cada vez lo hacía más rápido. Otra vez soñó que estaba dormida y abrió los ojos. No pudo hacerse la valiente ahora. Lo que vería la dejaría muda y con horror. Pareciera que esa cosa había decido contestar a su pregunta mostrándole un poco más. Lo primero que vio fue cientos de “personas”, pero cientos de ellos, con esa misma cara horrible, sin ojos, todos dentro de su pieza, uno pegado encima del otro, porque eran tantos que no entraban, todos desesperados por verla de cerca. Un montón de caras horribles que no hablaban, sin ojos, apretujados, mirándola de cerca, tan cerca casi tocándole la cara. Fue tanto el horror, que tan sólo de haber presenciado esa imagen un instante hizo que se despertara de golpe.

Así pasó otra noche sin dormir. Muerta del agotamiento, con sueño pero con miedo a dormir. La única solución que encontró fue dormir siestas, en las que pudo dormir profundamente al menos por una hora o dos, y salir de esa pieza. Empezó a dormir en la habitación de otros integrantes de la familia porque vieron que no estaba pudiendo descansar bien en la suya de “tanto frío que hacía”.  

Así logró dormir sin miedo por un tiempo, hasta que intentó volver a su pieza, ya no hacía frío, el clima había cambiado. Se puso su camisón, se acostó, se tapó y cerró los ojos. No se durmió, aclaro, acababa de cerrar los ojos y escuchó y sintió en su oído: “Hola…” y algo más que no logró entender. Sin perder tiempo, saltó de la cama, salió corriendo, cerró la puerta de su pieza detrás de ella y se fue directo a dormir sin pedir permiso a la pieza de un familiar. “Listo, no vuelvo más”.

Pasaron unos meses y durante ese tiempo se dedicó a investigar qué es lo que le sucedía. Buscando encontró que a mucha gente le pasaba lo mismo y le llamaban “parálisis de sueño” y explicaban la razón científica de esta parálisis.  Pero esto no explicaba porque ella lo escuchó despierta y porque seguía sintiendo cosas hasta de día a plena luz del día. Un conocido le ofreció llevar al cura para bendecir la casa y Gisela, una amiga de Lucía, que era muy espiritual empezó a hacerle algunas preguntas. Le preguntó si hacía algún tipo de práctica espiritual. A lo que Lucía respondió que lo único espiritual que solía hacer, pero que dejó de hacerlo por todo esto, fue de ponerse música especial para poder dormir porque antes tenía dificultades. Gisela investigó ese tipo de música, esos audios e inducción al trance y llegó a la conclusión que lo que estaba en su casa siempre había estado pero que ahora Lucía lo podía ver. Normalmente las personas no ven estas cosas pero que durante sus estados de trance para alcanzar el sueño, Lucía había iniciado viajes astrales para los cuales no estaba preparada para hacerlos conscientemente y había abierto una puerta. Una puerta por la que podía colarse cualquier tipo de entidad, “evolucionada o no tanto”.

Lucía ingenuamente preguntó: “¿Hay alguna manera de cerrar esa puerta?”

Gisela: “Jaja! Perdón me hacés reír. No Lu, eso no se puede cerrar. Vos tenés que salir de esa casa, hay una energía muy densa está, usando tu energía. Y eso que está ahí no se va a ir.”     

Lucía: “No es tan fácil salir de mi casa. Tengo que buscar otro alquiler, mudarme y están muy caros los alquileres”.

Gisela: “Lo sé Lu, mejor para esa cosa, que no quiere que te vayas. Quiere que te quedes a toda costa porque se alimenta de vos. Cuando puedas, pero tenés que irte. Y dejame contarte algo, no sé si hago bien. En tu pieza murió alguien y no murió feliz. Ahí mataron a un hombre. Esa energía que está en tu pieza tiene mucho odio y necesidad de justicia, pero mucho odio. Lo asesinaron y nadie lo sabe.”  

Lucía volvió a su casa amargadísima pensando: “Será tan así como dice Gisela? Si es así me tengo que ir ya, pero no puedo, no tengo plata. Si no mientras sigo durmiendo en otra pieza  hasta que me pueda ir.”

Venía pensando todo esto, mientras caminaba hacia su casa de vuelta del trabajo cuando se encuentra al dueño de la casa  que le alquilaba a ella. Lucía aprovechó para preguntarle si podía decirle quién era el dueño de la casa antes que él y su familia y Hernán, el dueño de la casa actual, le contestó lo siguiente: “Ah!, Ahí vivía mi tío, que era soltero”, y sin que Lucía necesitara preguntarle nada agregó: “Se murió joven, falleció ahí en la pieza en la que dormís vos, de muerte natural. Un día volvió de joda a la noche y al otro día lo encontraron muerto”

Lucía no podía creer lo que escuchaba.

“Ah! Me podrían haber dicho esto antes de alquilarla ¿no?  

Hernán: “Naa, pero no pasa nada, ¿sabés cuántos alquilaron antes que vos? Hace veinte años que está en alquiler y vivieron, familias, parejas, personas solas”. Y ella pensó: “Si, pero ellos no veían lo que yo veo”

Quería preguntarle más sobre la muerte de su tío pero ya no era oportuno y recordó las palabras de Gisela: “La familia no sabe que lo asesinaron”. Lucía pensó: “Pero quiere justicia, cómo hago para decirle a la familia o darle a entender que quizá la muerte no fue natural, o al menos para que investiguen. No, no puedo hacer semejante cosa. Me tengo que ir de esa casa”.

Y así pasaron meses, y esos meses se convirtieron en años. Lucía por una cosa o por otra no se había mudado. Ya se había acostumbrado a sentir cosas cada tanto y había vuelto a su pieza y ya no tenía más esas pesadillas. Aunque Gisela no se cansaba de decirle cada vez que podía que tenía que irse de ahí.

Hoy Lucía duerme en su pieza y cada tanto vuelve a tener esas, llamemosle “pesadillas”, pero ya reconoce cuando está en un lado y cuando está en el  otro. Puede decirlo en su mente mientras está ahí y puede salir de ahí si se concentra moviendo una parte de su cuerpo o haciendo un sonido con esfuerzo. Al despertar se da cuenta que se estaba moviendo o haciendo ese sonido.

No es agradable, pero sabe que va irse de esa casa. Aunque se pregunta: “¿Y si pudiera dejar de ser cobarde, quedarme en esa realidad y ver qué es lo que busca?

 

¿Y vos qué opinás? ¿Lucía tiene que atreverse a investigar esa otra realidad? ¿o tiene que mudarse cuanto antes?

 

                                                     FIN


Comentarios

Entradas populares de este blog

Piedras Resplandescientes

¿Cuál es mi propósito?

Entre Jardines y Sombras - La historia completa